|
Recuerdos inolvidables
El sábado pasado falleció el Doctor Alejandro Miró Quesada Garland. En esta página, un tributo a quien fuera un ilustre amante de la Tauromaquia
Artículo escrito el lunes 21 de marzo en el diario “El Comercio” por el Ing. Bartolomé Puiggrós. Esta publicación la colgamos en nuestra página por ser de importancia e interés para especialistas y aficionados
Lo llamaron el periodista de la cultura, era un gran aficionado y conocedor de la fiesta brava, el más culto de los espectáculos según García Lorca. Asiduo concurrente a la Plaza de Acho en la Feria del Señor de los Milagros, y a otras plazas del Perú. Asistía con frecuencia a la Feria de San Isidro en Madrid y a la Feria de Sevilla, y cuando volvía, nos relataba los pormenores de las corridas a las que iba. Decía que siempre tenía la suerte de escoger las mejoras corridas, como las de la explosión del torero colombiano César Rincón o los famosos quites de Ortega Cano y Julio Robles.
Este cronista tuvo la fortuna de tener la localidad en Acho del revistero de El Comercio, entre los directores del Diario, el doctor Jan y el doctor Aurelio Miró Quesada Sosa, grandes aficionados. Recuerda cómo al doctor Jan a veces se le escapaba un olé rotundo cuando algo le gustaba. En 1990 falleció Manuel Solari (Zeñó Manué), tantos años cronista taurino del Diario, y llegando a Acho para asistir a una reunión del Patronato de Acho casi antes de la feria, el cronista aparcó en el atrio de sombra, al lado del auto del doctor Jan, y el general Ernesto Fernández Lañas, que acompañaba al ahora cronista, le dijo: “Oye, Jan, Bartolomé ha hecho la página todo el año desde abril, cuando falleció Manuel, permítele ya firmar los artículos”; y él dijo: “Desde la primera corrida de la feria, tú los firmas”.
Y en esa primera corrida de feria, me pidió que no bajara hasta después del paseíllo, pues se esperaba un homenaje a Solari. Cosa que se hizo como indicó, para ocupar por primera vez el asiento del cronista de El Comercio, que era la barrera 25 del tendido 5, famosa porque la ocupó Zeñó Manué, quien escribió el libro del mismo nombre de la localidad. Se divertía mucho cuando un médico conocido suyo se acercaba a ver qué tenía un torero cogido, murmuraba: “Lo va a rematar”.
Cuando Roberto Puga y Juan Manuel Roca Rey, empresarios esos años de Acho, para obligar al entonces director, Alejandro Miró Quesada Cisneros, de quitar al cronista de la página de Toros, le enviaron una carta de tres páginas de mentiras denunciándolo, y como no les hicieron caso, negaron las entradas que por más de 50 años tenía El Comercio, que eran la 23, 25 y 27, barreras del tendido 5.
Entonces me llamaban de su casa para sacar entradas juntas en la fila 10, ya que la empresa había puesto en esa fila una reja, para que no se bajaran los de los tendidos altos, y así el doctor Jan, que ese año cumplía 90 años, se podía apoyar allí y vimos juntos como tantos años esa feria.
Dos sentencias suyas que debe aplicar todo periodista: “La primicia se recupera, el prestigio no” y “El buen periodista debe conocer profundamente el idioma, conocer bien el tema que trata y sobre todo ser honesto”.

ESTAMPA. El Dr. Alejandro Miró Quesada Garland, con justicia llamado el periodista de la cultura, era asiduo concurrente a las corridas.
VIDA. Recuento
Biografía de un hombre ilustre
Alejandro Miró Quesada Garland (Lima, 27 de octubre de 1915), hijo de Luis Miró Quesada y Elvira Garland. Estudió en el colegio La Recoleta, no se sabe cuál de sus hermanos redujo cariñosamente su nombre a Jan. Siguió la carrera de Letras en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en la Universidad de Madrid y en La Sorbona de París. En 1944 contrajo matrimonio con Adriana Cisneros, con quien tuvo 3 hijos, Alejandro, Gabriel y Maripili.
Se inició en el periodismo escrito de El Comercio como corresponsal de los Juegos Olímpicos de Berlín, firmó sus crónicas con el seudónimo de Almir. Fundó en 1938 la Asociación de Artistas Aficionados (AAA) junto con Percy Gibson y Manuel Solari Swayne. En 1954 fundó el Patronato de las Artes de Lima y luego el Museo de Arte de Lima. Visitó todas las regiones del Perú y realizó el Plan del Perú y en una avioneta tomó fotos de la carrera automovilística Buenos Aires-Caracas cuando pasó por el Perú. Fundó radio El Sol y luego Sol y Armonía.
Durante el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado enfrentó la nacionalización de los diarios y luchó por recuperar el Diario, lo que finalmente consiguió.
Gran deportista, nadador, esquiador y gran aficionado al tenis, que jugó hasta avanzada edad.
Catedrático en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Historia del Arte y en la Universidad de Lima, en la Facultad de Ciencias de la Comunicación, en el curso de Introducción al Periodismo. Director y luego director general del diario El Comercio de Lima. Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Condecorado con la Orden El Sol del Perú por el presidente Belaunde y con la Encomienda de Número de la Orden de Isabel La Católica por el rey de España. Medalla de la Cámara de Comercio de Lima (2006), Medalla de Honor Toribio Rodríguez de Mendoza del Tribunal Constitucional (2005), Premio IPAE (1989).
En Ancón se nombró Museo de Sitio Alejandro Miró Quesada Garland, nueva denominación del Patronato del Museo de Sitio y Actividades Culturales de Ancón, y creó el Festival de la Canción de Ancón.

CARNAVAL DE ANCÓN DE 1966. El doctor Jan con la famosa rejoneadora peruana conchita Cintrón de Castelho Blanco.
AFICIÓN. Arte del toreo
El defensor de la fiesta
Tomado del libro “El periodista de la cultura”
Alejandro, desde niño, fue un aficionado cabal a la fiesta brava. Gran conocedor de toros y toreros, ha podido ver en España o en Lima a las figuras más importantes de la coletería del siglo XX. Él mismo dice que su afición es muy antigua, y luego añade: “En mi biblioteca tengo bastantes libros sobre toros. Es una afición que he mantenido por más de medio siglo junto con el inolvidable Manuel Solari, que fuera entrañable amigo y excepcional crítico taurino. La tauromaquia, añade, es un espectáculo que ha sido criticado por algunas personas como un espectáculo fiero, pero es un espectáculo en el cual se alterna la belleza plástica de un ballet de la muerte con la emoción que se produce al jugarse la vida el torero. Se critica ese arte porque sufre el animal. En realidad, son muchos los animales que sufren toda la vida y tienen finales más dolorosos que los quince minutos en que el toro está en el ruedo. El toro de lidia, a diferencia de otro ganado, se ha librado de ser buey y lleva una vida feliz. En cambio, he visto cómo matan a los cerdos en las fábricas de embutidos. Por más de un cuarto de hora los tienen allí colgados: primero les meten un cuchillo desangrándolos, después los meten en un perol hirviendo y nadie dice nada, porque no se ve”.

CULTURA. El doctor Alejandro en la biblioteca de su casa.
AGRADECIMIENTO. Vocación por el arte
El adiós de la afición a don Alejandro
Por: Manuel Augusto Ingunza Simonetti
También los taurófilos tenemos que agradecerle a don Alejandro Miró Quesada Garland haber dedicado parte de su valiosa existencia a sustentar la afición a los toros en nuestra patria. En su multifacética personalidad, siempre destacó su vocación y amor por el arte, como lo demostró desde su Asociación de Artistas Aficionados, en cuyas tablas alternó nada menos que con su entrañable amigo Manuel Solari Swayne, a quien le cedió un clásico espacio en El Comercio para que también este ancestral arte continuara ocupando lugar de privilegio, como corresponde a una ciudad que conoció de toros desde su fundación.
Verdadero apasionado de la cultura en todas sus modalidades, don Alejandro Miró Quesada hizo conocer su afición por la lidia de toros con su constante presencia en las temporadas de la Plaza de Acho, donde no solo saboreó de tan apasionante espectáculo, sino que también demostró ser conocedor, entre tantas personas que pretenden ejercer dicha cátedra. Su espíritu iluminado lo llevó a incursionar, además, en todo aquello que forma el pequeño mundo de la afición, que no se limita al coso taurino, sino que tiene que ver con las ganaderías, los toreros y sus aficiones, como las veladas que suceden a las corridas.
Que esta breve nota sirva de homenaje a quien contribuyó al mayor conocimiento de tan arraigada afición limeña, además de su condición de conspicuo aficionado. Descanse en paz, don Alejandro.
|