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El fin de los toros en Cataluña
Crónicas de las últimas corridas de toros realizadas en la ciudad condal antes de que entre en vigencia la prohibición
Artículo escrito el lunes 3 de octubre en el diario “El Comercio” por el Ing. Bartolomé Puiggrós. Esta publicación la colgamos en nuestra página por ser de importancia e interés para especialistas y aficionados
El domingo 25 de setiembre, dentro de la llamada Feria de La Merced, se ha llevado a cabo la última corrida de toros en Cataluña, prohibida después de una iniciativa legislativa popular por el Parlamento de Cataluña, en su sesión del 28 de julio del 2010 y a partir del 1 de enero del 2012 entra en vigor la prohibición. Esperamos que no sea definitiva, pues hay un recurso en el Tribunal Constitucional presentado por el Partido Popular para dar vuelta a la situación. En esta página informamos con detalle todo lo sucedido en las dos últimas corridas en la Ciudad Condal.

SALIDA TRIUNFAL. José Tomás sale en hombros de la Monumental de Barcelona.
Y MORANTE PIDIÓ EL SOBRERO
El festejo comenzó con uno de esos momentos que todo aficionado debería vivir, al menos una vez en la vida: la plaza puesta en pie, las palmas echan humo y, en la raya del tercio, los tres matadores, todos montera en mano, recibiendo la ovación más intensa y emocionante que se ha escuchado en una plaza de toros. Instantes antes, el paseíllo estuvo acompañado por el grito unánime de “libertad, libertad”, que se repetiría en distintos momentos de la corrida. Abierto de capa, Morante recibió a su primero con seis verónicas que supieron a gloria; especialmente la cuarta, por el pitón izquierdo, todo un monumento al temple y la elegancia. Después, todo le salió al revés, y acabó como centro de una de esas broncas de campeonato reservadas a los artistas como él. Se afligió muy pronto ante el bonancible primero, al que no entendió, y se mostró torpe, cohibido e inseguro. Al cuarto no quiso verlo; lo abaniqueó por la cara y, entre el lógico enfado del respetable, lo acuchilló de mala manera, y todo acabó como el rosario de la aurora. ¡Así de dura es la vida del artista! ¡Quien bien te quiere te ha de gritar! Y perdonar: Morante intentó en el sexto el quite del perdón y ahí quedaron para la historia una verónica inmensa y una media de cartel. Pero las voces hirientes contra De la Puebla no habían cesado durante toda la corrida, y surgió la sorpresa: Morante pidió el sobrero. Las cañas se volvieron lanzas, los insultos en palmas por bulerías. Y bordó, así de exagerado y verdadero, el toreo a la verónica. El temple y el templo hecho arte. El quite a la verónica dejó el toreo en las nubes. Invitó a banderillear a sus compañeros y la gente no se lo creía. Momento este inolvidable. Un animal de ensueño en la muleta, y se gustó y sintió Morante, y surgieron pasajes de pura armonía. Fue un momento glorioso, bonito. Roto y desmadejado el torero, enloqueció a todos por su naturalidad, barroquismo e inspiración. Así es el artista De la Puebla. (Antonio Lorca, “El País”).

A HOMBROS. Manzanares, Morante y El Juli salen de la plaza.
UNA TRISTE Y CERTERA DECISIÓN
Eran las 8:16 cuando Serafín Marín se dirigió al centro del ruedo, dejó caer las orejas que portaba en las manos, se inclinó y besó la arena. La plaza, puesta en pie, se vino abajo y lo aclamó enfervorizada, mientras el torero, envuelto en lágrimas y con gestos de resignación, correspondía el afecto.
Desalojados los tendidos, se apagaron las luces de esta Monumental centenaria, referente del distrito barcelonés del Ensanche, en la confluencia de la Gran Vía y la calle Marina, y la plaza quedó vacía y sola. Aquí dentro, en este solar, al menos, pervivirá la historia. Porque estas paredes viejas y esa tierra del ruedo guardan en sus entrañas los ecos de días de glorias y fracasos, de ilusiones y emociones, de recuerdos y olvidos. Pese a quien pese, aquí quedarán para siempre los ecos de Joselito, Belmonte, Manolete, Bernadó, Chamaco, Tomás y tantas y tantas figuras como han desgranado en este ruedo el perfume de su torería.
De nada sirve ahora que se agoten las localidades, ni las reivindicaciones, ni las apelaciones a la libertad. Se acabaron los toros en Cataluña, y que cada cual haga examen de conciencia.
El festejo final no resultó tan apoteósico como el del sábado. Para empezar, la corrida elegida resultó ser una novillada sin trapío exigible, siquiera, en plaza de segunda. La falta de fuerzas y de casta hicieron el resto, aunque sobró la nobleza almibarada tan al gusto de las figuras actuales.
Triunfó José Tomás con el segundo, un inválido de embestida sedosa y suave al que recibió a la verónica con capotazos excelsos por su temple y hondura. Toda la faena de muleta la realizó con la zurda; y abundaron los naturales hermosos, emotivos, largos y hondos. Una tanda de molinetes ligados con un largo de pecho provocó el éxtasis colectivo. Ayudados por alto, pases de la firma y una estocada en lo alto corroboraron la emoción que se vivió en la plaza. Quede claro, no obstante, que hubo torero, pero no toro. Brindó al público el cuarto, soso y sin codicia, y a la labor de Tomás le faltó fuste.
Dos orejas del sexto paseó Serafín Marín el único torero que ha defendido la fiesta en Cataluña tras una labor larga, muy trabajada e insulsa. Lo intentó toda la tarde, pero no estuvo fino. Su primero, muy descastado, fue el de más corto recorrido, y con el sexto no llegó a entenderse a pesar de su entrega.
Y Juan Mora mostró ese estilo tan personal y frío del que ha hecho gala durante toda su carrera. Veroniqueó a su lote con fina elegancia, pero dejó escapar la bondad del primero, y aburrió con el soso cuarto.
Adiós, Barcelona, adiós para siempre… Ahora toca llorar como un niño lo que no se ha sabido defender como aficionado. (Condensado de Antonio Lorca, “El País”).

MAESTRO. José Tomás cortó dos orejas en la corrida del 25.
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