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El público es el soberano
Los aficionados son los que sostienen las corridas. Es en ellos en quienes deben pensar los empresarios y los críticos
Artículo escrito el lunes 26 de diciembre en el diario “El Comercio” por el Ing. Bartolomé Puiggrós. Esta publicación la colgamos en nuestra página por ser de importancia e interés para especialistas y aficionados
El público, que es el que paga, es el soberano en cualquier espectáculo. Si eso les gusta, pues eso hay que darle. Viene esto a colación porque parece que hay una campaña u opiniones de varios aficionados o cronistas que dicen que el público de Lima ya no es el de antes, y claro que no lo es. Es el de ahora, porque es ley natural de vida que eso suceda.
¿Qué pasaría si el público no asiste a las corridas en Acho? ¿Alguien sería empresario? Porque el empresario arriesga su dinero y hay aficionados que quieren que se hagan las cosas como ellos quieren, pero sin poner un sol. No pueden ser tan soberbios para creer que dan lecciones y que solo vale lo que ellos dicen y ni siquiera se han puesto nunca delante ni de una becerra.
Esos aficionados que van a los toros y se gastan un dinero para asistir, hacen que Lima siga siendo Lima, con los ahora asistentes, y si no, aprecien esos clamorosos ‘silencios de Lima’ en los que, en la plaza con unos 12 mil espectadores, se oye volar a una mosca, y eso quiere decir que están muy pendientes de lo que puede hacer un espada. O las merecidas broncas a Cubas y Roberto Puga que, siendo peruanos, oyeron música de viento.
Debemos definir primero si queremos una plaza de primera categoría, lo que conlleva a la capacidad de la plaza, a lidiar toros con la edad y trapío correspondiente a una plaza de primera, ya que en Lima el peso mínimo es de 450 kilos en vivo, a no pedir toros de regalo, a que se tomen dos puyazos, a que se pongan tres pares de banderillas y se cambie el tercio con cuatro palos colgados, a que se respeten los turnos de los subalternos y tantos detalles más, o no se quiere esto. Y lo único que se hace es decir que el público estuvo mal o bien, cuando volvemos a repetir que el público es soberano, y lo que le gusta lo tienen que dar los ganaderos y los toreros y saberlo interpretar los empresarios.
Siempre la evolución del toreo ha pasado por los gustos del público, hasta llegar ahora a un espectáculo en que solo interesa el tercer tercio, dejando de lado los dos primeros, en el de varas solo se señala el picotazo y ya la gente en muchas partes está en contra protestando y en el segundo tercio se suele cambiar con solo dos pares. Así pasamos de un primer tercio, en el que se daban por lo menos tres puyazos y luego tres pares de banderillas, a esto de ahora porque el público pide eso, lo mismo con las condiciones de los toros y el hacer de los toreros. No se debe ningunear al público, por más que les parezca a algunos cronistas o aficionados desorientado o con poco conocimiento, sino alentarlo a que concurra a las plazas porque es el sostén del espectáculo.

PLAZA. Aunque haya cambiado con el tiempo, el público siempre será determinante en el toreo.
Nuevo léxico taurino
Un nuevo léxico tienen los comentaristas y críticos taurinos por hacerlo todo más florido. Por ello, dicen que los banderilleros “lidian” cuando colocan al toro para banderillas o en otro tercio, cuando lo que hacen es “bregar”. La lidia es un todo completo desde que sale el toro hasta que muere. Los toros no se lo “piensan”, sino que se “reservan”. Si los toros pensaran no serían animales sino ya humanos, que ya hay algunos que creen que los animales tienen derechos humanos. No “protestan”, (no se les ve hacer huelga y llevar pancartas quejándose de algo), sino que embisten descompuestos o con mal estilo. Dicen que son “complicados”, cuando los toreros no se acoplaron a la embestida de los toros, que de eso trata el arte de torear, para ello deben utilizar la técnica que consiste en siempre cruzarse al pitón contrario, por ello mejor torero será el que se “acople” a más toros o los “entienda”. Y así hay otras cosas que tiene bien definido el lenguaje taurino.
MATADOR. Confesiones.
Seis perlas de un valiente Diego Puerta
- Me hicieron muchas propuestas para que regresara al toreo, pero ¿para qué iba a volver, para tener un poco más?... Además, yo era un torero que exponía mucho y si volvía tenía que estar en esa línea.
- Cuando el torero ve que el dinero crece le entran más ánimos. Insiste todavía más.
- Tengo más de 50 cornadas. Muchas me las dieron por culpa mía. Me ponía en un sitio donde los toros cogen.
- Hacía apuestas con Camino a ver quién cortaba más orejas. En Logroño, me ganó 20 mil duros y no me quiso dar revancha.
- Yo quiero el toro que repite. La gente se emociona al tercero o cuarto pase de cada serie para adelante, antes no se calienta. Y, para eso, hace falta que el toro repita.
- Esta es una buena época. La diferencia es que en mi tiempo había diez o doce que tiraban del carro. En aquel tiempo se arrimaban bastante.

VALOR. Diego Puerta sale de la enfermería para matar el otro toro.
BLANCA BELMONTE COSSÍO. Descanse en paz
Fallece la hija de Juan Belmonte
Blanca Belmonte Cossío, hija del mítico matador de toros Juan Belmonte García, falleció el 15 en Sevilla a la edad de 88 años. Era la segunda de las dos hijas que tuvo el Pasmo de Triana con su esposa, la peruana Julia Cossío, si bien este tuvo también un hijo natural, Juan Belmonte Campoy —fallecido en 1975—, de su relación con Concha Campoy y que fue matador de toros destacado.
Blanca, con su hermana Yolanda, ya fallecida, mantuvieron a la muerte del genial matador de toros trianero la finca Gómez Cardeña, lugar emblemático a las afueras de Utrera donde vivió y murió Belmonte, hecho del que se cumplirán 50 años el 8 de abril del próximo año. Precisamente, la finca quedó dividida en dos partes –una para cada hermana– y ahora los hijos de ambas la continúan conservando como estaba hace 50 años. Es decir, si uno accede a Gómez Cardeña, podrá observar que la placita de tientas sigue igual que cuando Belmonte acudía a ella y se sentaba a contemplar sus posesiones. En el cortijo siguen estando tantos y tantos objetos de su padre, como el famoso retrato que le hizo el también genial Ignacio Zuloaga.
Viuda de Rafael Beca Gutiérrez, era madre de seis hijos: Rafael, Juan Carlos, Javier, Blanca, Ignacio y Miriam. De ellos, Juan Carlos siguió los pasos de su abuelo y se hizo matador de toros para luego dedicarse a las labores de apoderamiento, y destacó su relación con Francisco Rivera ‘Paquirri’. Se da la circunstancia de que el torero de Barbate se casó con Carmina Ordóñez, hija de Antonio Ordóñez, y Beca Belmonte con Belén, la otra hija del maestro rondeño. Aparte, Juan Carlos continúa en el mundo taurino e integra una de las empresas que optan por regir la plaza de Las Ventas.
Se va la primera descendencia del matador de toros que revolucionó el arte de Cúchares y que fascinó no solo a los aficionados, sino también a los intelectuales de la época. Blanca vivía en Sevilla aunque solía pasar temporadas en Madrid. Sus hijos continúan manteniendo viva la llama del Pasmo de Triana y de lo que supuso para el mundo de los toros la irrupción de este torero, del que Ramón Valle-Inclán –gran amigo suyo– dijo un día: “¡Juanito, solo te falta morir en la plaza!”, a lo que, de manera sarcástica, respondió Belmonte: “Se hará lo que se pueda”.

MÍTICO. El matador de toros Juan Belmonte García.
¿Plaza de Primera o de Segunda?

Plaza de toros de Campo Pequeño en Lisboa es de segunda según el Convenio Colectivo. Pero el Consejo de Ministros luso ratifica que Lisboa es de primera. |