Efemérides:

21 de Mayo en la historia:

1962.- Nació en Lima el matador Guillermo Santillana.

1966.- En la ciudad de Trujillo nació el matador de toros Julio César Alvarado "Belmontito".

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LA FIESTA. Se desvirtúa PDF Imprimir E-mail
Lunes, 07 de Junio de 2010 03:29

bpp okLa falta de casta

Artículo escrito el  lunes 7 de junio en el diario “El Comercio”  por el Ing. Bartolomé Puiggrós. Esta publicación  la colgamos en nuestra página por ser de importancia e interés para especialistas y aficionados

Cierto es que los toros salen uno a uno por la puerta de chiqueros, pero los de los últimos tiempos parecen cortados por el mismo patrón. En Lima, en Colombia, en México y también en España.

Cuatro carreritas, un picotoncito, ni siquiera un puyacito, el segundo tercio con la lengua afuera ya, y en la muleta después de unas cuantas arrancadas, ya no pelean, se rinden, salvando excepciones. Pues casi siempre terminan rajados, buscando las tablas, parándose definitivamente o están buscando qué pasa en el callejón.

Y así perdemos todos, primero el público que paga, se irrita, protesta y así se retrae de acercarse a la taquilla. Los toreros que no pueden lucirse y quedar bien y hacen de enfermeros para poder sacar algún pase a un toro agotado. Y cuando sale uno que de verdad embiste o tiene genio, no están preparados para hacerle frente. Hasta Ponce sufrió en Sevilla para matar un sobrero de la ganadería de La Plata. Y exigen el carnet de matador al torero que le ha caído en “desgracia”. Sobran los dedos de una mano los toreros capaces de plantarles cara y lidiarlos.

También pierden los empresarios, que ven cómo la gente se aleja de las plazas y, salvo las ferias grandes, hay muchas pérdidas; felizmente en el Perú todavía las fiestas patronales y sus corridas no hilan tan fino en esto del ganado.

Pero es menester que los ganaderos —que, si bien es verdad, seleccionan a gusto de las figuras de las épocas— se esmeren en seleccionar algo que dé más emoción y sensación de peligro, ya que sin ellas el oficio riesgoso que es aún el toreo —y allí están los casos espeluznantes de José Tomás y Aparicio— se devalúa cada vez más.

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