| LA FIESTA. Se desvirtúa |
|
|
|
| Lunes, 07 de Junio de 2010 03:29 |
|
Artículo escrito el lunes 7 de junio en el diario “El Comercio” por el Ing. Bartolomé Puiggrós. Esta publicación la colgamos en nuestra página por ser de importancia e interés para especialistas y aficionados Cierto es que los toros salen uno a uno por la puerta de chiqueros, pero los de los últimos tiempos parecen cortados por el mismo patrón. En Lima, en Colombia, en México y también en España. Cuatro carreritas, un picotoncito, ni siquiera un puyacito, el segundo tercio con la lengua afuera ya, y en la muleta después de unas cuantas arrancadas, ya no pelean, se rinden, salvando excepciones. Pues casi siempre terminan rajados, buscando las tablas, parándose definitivamente o están buscando qué pasa en el callejón. Y así perdemos todos, primero el público que paga, se irrita, protesta y así se retrae de acercarse a la taquilla. Los toreros que no pueden lucirse y quedar bien y hacen de enfermeros para poder sacar algún pase a un toro agotado. Y cuando sale uno que de verdad embiste o tiene genio, no están preparados para hacerle frente. Hasta Ponce sufrió en Sevilla para matar un sobrero de la ganadería de La Plata. Y exigen el carnet de matador al torero que le ha caído en “desgracia”. Sobran los dedos de una mano los toreros capaces de plantarles cara y lidiarlos. También pierden los empresarios, que ven cómo la gente se aleja de las plazas y, salvo las ferias grandes, hay muchas pérdidas; felizmente en el Perú todavía las fiestas patronales y sus corridas no hilan tan fino en esto del ganado. Pero es menester que los ganaderos —que, si bien es verdad, seleccionan a gusto de las figuras de las épocas— se esmeren en seleccionar algo que dé más emoción y sensación de peligro, ya que sin ellas el oficio riesgoso que es aún el toreo —y allí están los casos espeluznantes de José Tomás y Aparicio— se devalúa cada vez más. |

















La falta de casta