| TESTAMENTO. Sobre la Plaza de Acho |
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| Lunes, 26 de Julio de 2010 09:10 |
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Artículo escrito el lunes 26 de julio en el diario “El Comercio” por el Ing. Bartolomé Puiggrós. Esta publicación la colgamos en nuestra página por ser de importancia e interés para especialistas y aficionados El volumen 7 de la “Colección documental de la independencia del Perú” contiene los testamentos de Agustín Landaburu y Belzunce y de Hipólito Unanue, que tratan sobre la Plaza de Acho. El de Landaburu dice: “En este papel se contiene mi última voluntad y testamento. Lima, 20 de diciembre de 1799, la que dejo de mi tío don Juan José Belzunce. Firma: Landaburu”. Da sus generales en los primeros ítems. En el 11 dice: “Declaro por mis bienes y acciones la hacienda de San Juan de Arona, con todos sus negros y ganados, y la casa en que vivimos con un sótano anexo a ella, a más mis haciendas de Gómez, Pepián y Cerro Blanco, con todos sus negros, aperos y ganados, y la plaza firme de Acho con el privilegio exclusivo de jugar ocho corridas en cada año”. En el ítem 13 instituye heredero universal a su tío don Juan José Belzunce. Y encomienda la tutela y curaduría de los legados, en primer lugar a su tío, y en segundo lugar a Unanue. Da fe al testamento el escribano público Gerónimo de Villafuerte 1816-1819, folio 133.
El 14 de noviembre de 1816 en el inventario y tasación de los bienes del finado Agustín de Landaburu en un ítem dice: “El privilegio de correr ocho corridas de toros anuales en la Plaza de Acho por cierto número de años, los que conducidos pasan al Hospital de Pobres de esta capital”. Antes de morir, Unanue pidió a sus albaceas declarar que, al entrar en la administración de los bienes en 1801, las haciendas tenían de gravamen, censos y responsabilidades 200 mil pesos. La Plaza de Acho, que era su mejor bien, por real cédula del 6 de noviembre de 1798, se había mandado sacar a remate y que dándole a Landaburu lo que se le debiera, se aplicase al Hospital de Pobres, que era el dueño propietario. Unanue declaró que pudo contener el despojo de la plaza (que con los pingües productos que le rendía socorría con abundancia a su dueño). En 1809 una real orden mandó secuestrar los bienes de Landaburu por su adhesión a la causa de la independencia de América. Unanue fue separado de su administración. Como diputado por Arequipa, Unanue fue a las Cortes de Cádiz a fines de 1814, al llegar se enteró de que Landaburu había muerto en Londres. Logró que se devolvieran los bienes y hasta logró un interés moderado. Otras entidades querían quedarse con la plaza, pero el 12 de octubre de 1831 adoptaron el arbitrio de devolverla al Hospicio de Pobres, que se convirtió en la Beneficencia de Lima Metropolitana, que no cumple con cuidarla, ni con el legado de Landaburu de dar ocho corridas de toros al año. |
















Cúmplase el legado de Landaburu
El 16 de agosto de 1816 en virtud del poder conferido por Landaburu y habiendo muerto Belzunce con anterioridad al de su poderdante, su sobrino, que era el primer albacea, Unanue, que era el segundo, da cuenta del testamento de Landaburu ante el mismo escribano público.